Patios estrechos, dispuestos en serie y conectados por pasajes altos, permiten que la brisa recorra los puestos sin corrientes molestas. Portones permeables, lamas practicables y mallas antihojas ajustan el caudal según horario. En la mañana, aberturas bajas capturan aire fresco; por la tarde, se premia la inercia. Señalética y formación mínima empoderan a quienes abren y cierran cada día.
Al ubicar lucernarios operables en la cumbrera, el aire caliente asciende y sale sin esfuerzo, ayudado por la diferencia de presión. Pequeñas torres, integradas a la estructura, refuerzan la extracción en días calmos. Sensores de CO₂ y temperatura gobiernan la apertura, priorizando confort y seguridad alimentaria. La mecánica existe, pero actúa de apoyo, solo cuando el clima no acompaña.